sábado, 22 de junio de 2013

Camino de alfileres

Desperté y puse un pie en el suelo.  Todo estaba lleno de alfileres.  Recorrí la habitación y todo lucía tal como lo dejé anoche, excepto por que el piso de ésa y todas las demás habitaciones estaba cubierto por lo que parecía un alfombra interminable de alfileres y agujas de distintos colores y tamaños.  Necesitaba ir al baño y alguien tomaba mi mano desde la cama invitándome a permanecer en ella y evitar el dolor en mis pies.

Me decidí a caminar hacia el baño, pisando con cuidado y, para mi sorpresa, los alfileres no me lastimaban.  Eran fríos, duros y poco estables, varias veces sentí que me resbalaría sobre ellos, pero cada paso me permitió ganar confianza y llegar hasta la puerta.  Miré hacia la cocina, hacia la sala...todo igual...y los alfileres en el suelo.

"Vas a picarte los pies", me dijo la voz que descansaba en mi cama... "Sí", dije... "Pero no voy a dejar de caminar por un poco de dolor".  Desperté.


miércoles, 19 de junio de 2013

El encanto de lo roto

Amanecí con la ferviente idea de repasar mi sueño, de modo que los detalles se adhirieran a mi memoria y tuviera al menos trozos que documentar;  sin embargo, por más que me esfuerzo, no puedo recordar  más que algunas caras y la terrible sensación de angustia y culpa.  ¿Será que eso es lo rescatable de los sueños? ¿Las sensaciones que permanecen en nosotros? ¿Las "basuritas en el ånimo?

Había un salon grande con una mesa en el centro con dos sillas en un costado y una silla en el otro, acomodadas para un interrogatorio.  En la silla sola estaba una mujer morena de cabello liso, negro y lustroso que me miraba detras de unos lentes inmensos y me preguntaba sobre los síntomas y lapsus de olvido de ML y yo me veía forzada a hablar de todo con detalle.  Sabía que todo terminaría con ella en una clínica, sola y atendida por alguien que no sería yo.  Me sentía terriblemente culpable por decir la verdad.

Yo quería que me dejaran cuidarla como si estuviera pagando una deuda por hacerlo... y eso me recuerda mi revelación de hace unos días... una especie de epifanía.  Alguien me prestó los libros de 50 Shades of Grey.  Independientemente de la parte erótica y de la muy entretenida jornada por el BDSM, los libros están llenos de lugares comunes. Pero en eso no consiste mi revelación.  El personaje principal, Christian Grey, es un hombre severamente dañado desde la configuración.  Tuvo una infancia de abandono y maltrato y ha alcanzado el éxito profesional, pero es un controlador obsesivo, celoso y abrazador que a mí, como a la protagonista del libro, le resulta de lo más seductor.  La lastima física y emocionalmente y después hace alguna cosa que lo redime y el juego empieza de nuevo.  Pensé en Marc... y pensé en mí.

¿A quién le debo rescatar a los rotos y dejarlos romperme?  Yo me reconstruyo siempre, pero ¿qué necesidad tengo de pasar por el desgarre? ¿Por qué resulta tan atractivo alguien vulnerado?  Algo en qué pensar...


martes, 4 de junio de 2013

Apagando luces

Amanecí con un montón de imágenes en la cabeza.  En algún momento me vi en una casa muy grande, con montones de cuartos y saturada de adornos... me recordó a la casa de Richard en San Marcos.  Casi todos los adornos tenían que ver con la Navidad; incluso había varios pinos decorados por los distintos cuartos que visitaba de la mano nada menos que de Vicente Fernández.

Vicente me llevaba por todas las habitaciones, apagando luces, desconectando los pinos navideños y hablando de continuo sobre no recuerdo qué... sólo que no se callaba.  No recuerdo su voz, pero recuerdo sentirme acompañada, cómoda y hasta contenta por estar en ese lugar.  Me recuerdo pensando: "Si mi mamá estuviera aquí, ya habría tirado a la basura todo este mugrero".

En algún momento abrí una puerta y entré en una habitación oscura donde había montones de fierros. Parecía maquinaria para no sé qué proceso.  Había mucho metal y era oscuro y polvoriento.  Me recuerdo caminando de la mano del hombre de la montaña.  Al fondo de las habitaciones oscuras se veía una luz intensa, como de verano en Monterrey.  El hombre de la montaña y yo caminábamos con más gente hacia una mesa en plena banqueta, esperando que nos sirvieran un té.  No nos soltamos de la mano y durante todo el tiempo rozábamos los pies descalzos bajo la mesa.

A lo lejos, la alameda...y no cualquiera... la Alameda Mariano Escobedo.  De lejos veía árboles altos, llenos de follaje, con hojas que parecían pezuñas de vaca.  Ondeaban y nosotros caminábamos por la avenida como si fuera paseo de peatones.  Caminábamos tomados de la mano como si fuera lo más natural del mundo.  Seguí caminando y dejé de sentir su mano, pero no me detuve. Y así, caminando, desperté...


Abriendo la puerta...

Acabamos de leer "La tejedora de sombras" de Jorge Volpi, y una de las cosas que más me impresionó fue la capacidad del personaje principal, Christiana, para recordar sus sueños e incluso trasladarlos a dibujos.  Anoche anuncié: quiero llevar un diario de sueños.

Creo que lo más místico sería hacerlo en una libreta, poder escribir, dibujar, jugar con el espacio...pero como no siempre duermo donde mismo y evito cargar tanto como puedo cada vez que viajo, creo que lo mejor será hacerlo en un blog.  Total, una moneda más en la fuente del ciberespacio no da ni quita fortuna.

Soñar despierta, soñar dormida... no importa... se trata de volar, de entrar en un espacio donde todo puede pasar; donde los que no están, visitan; los malos tienen su merecido, las luces pueden encenderse de un momento a otro y la magia es cosa de todos los días.  A estas alturas, no sé si son sueños o visiones, pero no me meteré en líos de semántica.  Sólo tengo ganas de escribir y, claro... de soñar.

"Soñar contigo", Zenet