Amanecí con la ferviente idea de repasar mi sueño, de modo que los detalles se adhirieran a mi memoria y tuviera al menos trozos que documentar; sin embargo, por más que me esfuerzo, no puedo recordar más que algunas caras y la terrible sensación de angustia y culpa. ¿Será que eso es lo rescatable de los sueños? ¿Las sensaciones que permanecen en nosotros? ¿Las "basuritas en el ånimo?
Había un salon grande con una mesa en el centro con dos sillas en un costado y una silla en el otro, acomodadas para un interrogatorio. En la silla sola estaba una mujer morena de cabello liso, negro y lustroso que me miraba detras de unos lentes inmensos y me preguntaba sobre los síntomas y lapsus de olvido de ML y yo me veía forzada a hablar de todo con detalle. Sabía que todo terminaría con ella en una clínica, sola y atendida por alguien que no sería yo. Me sentía terriblemente culpable por decir la verdad.
Yo quería que me dejaran cuidarla como si estuviera pagando una deuda por hacerlo... y eso me recuerda mi revelación de hace unos días... una especie de epifanía. Alguien me prestó los libros de 50 Shades of Grey. Independientemente de la parte erótica y de la muy entretenida jornada por el BDSM, los libros están llenos de lugares comunes. Pero en eso no consiste mi revelación. El personaje principal, Christian Grey, es un hombre severamente dañado desde la configuración. Tuvo una infancia de abandono y maltrato y ha alcanzado el éxito profesional, pero es un controlador obsesivo, celoso y abrazador que a mí, como a la protagonista del libro, le resulta de lo más seductor. La lastima física y emocionalmente y después hace alguna cosa que lo redime y el juego empieza de nuevo. Pensé en Marc... y pensé en mí.
¿A quién le debo rescatar a los rotos y dejarlos romperme? Yo me reconstruyo siempre, pero ¿qué necesidad tengo de pasar por el desgarre? ¿Por qué resulta tan atractivo alguien vulnerado? Algo en qué pensar...

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