Me decidí a caminar hacia el baño, pisando con cuidado y, para mi sorpresa, los alfileres no me lastimaban. Eran fríos, duros y poco estables, varias veces sentí que me resbalaría sobre ellos, pero cada paso me permitió ganar confianza y llegar hasta la puerta. Miré hacia la cocina, hacia la sala...todo igual...y los alfileres en el suelo.
"Vas a picarte los pies", me dijo la voz que descansaba en mi cama... "Sí", dije... "Pero no voy a dejar de caminar por un poco de dolor". Desperté.

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