Llegué a la mesa en que estaba mi familia y Emilio extendió hacia mí un plato de cartón. Platicábamos mientras veíamos a un grupo tocar una pieza familiar. La reconocí de pronto y le dije a mi papá: "Si alguien me pregunta sobre una canción que me recuerde a ti tocando, diré que ésa: San Juan de Letrán".
Dejé la mesa y caminé de nuevo por entre la gente, esta vez con Manuelita a mi lado. Pasamos frente a una ventana y vi mi reflejo sobre ella. Pensé en lo bonita que me veía, estudié los rasgos de mi cara y concluí que me gustaban. Caminamos de nuevo y vimos al fondo a un grupo de gente vestida de blanco hablando una lengua extraña. "Son polacos", dijo Manuelita.
Se acercó a mí uno de ellos y no dejaba de mirarme a los ojos, mientras se dirigía a mí en una lengua de la que yo no reconocía una sola palabra. Era moreno´con el cabello castaño claro y largo, las cejas pobladas y oscuras y los ojos verdes. Vestía de blanco como los otros, lo que resaltaba el color de su piel. No dejaba de seguirme ni de hablar y recuerdo lo frustrante que era escucharlo y no entender lo que me decía. Le pregunté en inglés si hablaba inglés o español y dijo que no. "Entonces, ¿cómo vamos a hablarnos?", le pregunté. Y el dijo: "Sólo con los ojos".

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