miércoles, 10 de julio de 2013

Sólo con los ojos...

Emilio se había graduado y festejábamos en el jardín de la casa.  Estaba lleno de gente y caminábamos apretados en lo que parecía una kermés en la que los invitados hacían fila para servirse comida y pagar por ella.

Llegué a la mesa en que estaba mi familia y Emilio extendió hacia mí un plato de cartón.  Platicábamos mientras veíamos a un grupo tocar una pieza familiar.  La reconocí de pronto y le dije a mi papá: "Si alguien me pregunta sobre una canción que me recuerde a ti tocando, diré que ésa: San Juan de Letrán".

Dejé la mesa y caminé de nuevo por entre la gente, esta vez con Manuelita a mi lado.  Pasamos frente a una ventana y vi mi reflejo sobre ella.  Pensé en lo bonita que me veía, estudié los rasgos de mi cara y concluí que me gustaban.  Caminamos de nuevo y vimos al fondo a un grupo de gente vestida de blanco hablando una lengua  extraña.  "Son polacos", dijo Manuelita.

Se acercó a mí uno de ellos y no dejaba de mirarme a los ojos, mientras se dirigía a mí en una lengua de la que yo no reconocía una sola palabra.  Era moreno´con el cabello castaño claro y largo, las cejas pobladas y oscuras y los ojos verdes.  Vestía de blanco como los otros, lo que resaltaba el color de su piel.  No dejaba de seguirme ni de hablar y recuerdo lo frustrante que era escucharlo y no entender lo que me decía.  Le pregunté en inglés si hablaba inglés o español y dijo que no. "Entonces, ¿cómo vamos a hablarnos?", le pregunté.  Y el dijo: "Sólo con los ojos".


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